Hablemos ahora sobre el trabajo.
En cierta medida (al menos en teoría), el nuevo trabajo se parece mucho a lo que estaba haciendo durante el doctorado. Todavía sigo haciendo investigación, estoy en la misma universidad, en el mismo departamento, sigo interactuando (me niego a obedecer a la DRAE y usar “interaccionar”) con los mismos profesores, y los temas de investigación siguen siendo muy parecidos. Entonces, ¿dónde están las diferencias? Son muchas, pero comparto algunas:
En primer lugar, tengo una oficina muy cómoda para mí solo. Esto tal vez no parezca tan importante, pero después de trabajar en un cubículo, los distintos cafés y la “oficina” en la casa, esto hace toda la diferencia. En la oficina tengo una guitarra para acelerar la creatividad y matar el tiempo, muchas pizarras para anotar las ideas, las computadoras, los libros, etc. Ciertamente parte de la emoción viene de la novedad del asunto, pero igual sigue siendo importante.
Por otro lado, ahora no puedo darme el lujo de pasarme el día entero trabajando en una sola tarea. En teoría, pudiera, pero en práctica es muy difícil lograrlo. La cantidad de reuniones y visitas no avisadas de parte de estudiantes o colegas hace que una buena parte del tiempo la pase dialogando, planificando, delegando. El tiempo para concentrarme y dedicarme a alguna cosa generalmente lo encuentro temprano en las mañanas, o en la noche.
Tal vez el cambio más notable es que ahora en vez de implementar las ideas, directamente, sólo tengo que delegar esas tareas a los estudiantes con los que estoy trabajando y después evaluar los resultados. Eso (de nuevo, en teoría) abre la posibilidad de tratar más ideas al mismo tiempo, y usar el tiempo restante para crear nuevas. Pero lograr ese balance parece difícil. Ahora mismo tengo más ideas que estudiantes, y los estudiantes que tengo necesitan de más ayuda de la que quisiera tener que ofrecerles.
Last revised on 2010/10/06