Para empezar, el título de la entrada (Infraestructura Inteligente) no es el más preciso ni el que prefiero. Sucede que hay una larga lista de nombres e y frases que de alguna manera apuntan hacia la misma cosa, pero desde diferentes puntos de vista: sistemas ciber-físicos, el internet de las cosas, la red global de sensores, el “web wide world”, etc. Pero digamos que el título por lo menos refleja la confusión, y que lo que importa es que todos los términos apuntan a un futuro en donde las tecnologías de la información y comunicación están integradas en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. La idea es que así como la aparición del internet (y creo que la palabra “aparición” es más apropiada que “invención”) dio paso al mundo interconectado en el que vivimos hoy, del mismo modo el integrar los sensores/transductores que ya están presentes en casi todas partes, le dará al internet una conexión con el mundo físico cuyas implicaciones todavía no podemos predecir.
Las señales de que todo esto está tomando forma y empezando a formar parte de nuestra vida cotidiana están en todas partes. Por citar un ejemplo reciente, aquí está un artículo de hoy en el Wall Street Journal titulado “Smart Roads. Smart Bridges. Smart Grids”. Otras cinco referencias aleatorias serían: 1 (New York Times), 2 (IBM), 3 (IBM), 4 (IBM), 5 (Google).
En la era pre-internet, era difícil imaginar que una red global de computadoras pudiera servir para las cosas que hoy la estamos usando. Piense por un momento en los usos que hoy le damos: servicios bancarios, noticias, compras, comunicación (en formas muy distintas), entretenimiento, aprendizaje, etc. Intente ahora ser una persona en los años 70s y pregúntese si usted pudiera haber predicho todo esto. Si logramos añadirle a este internet información sobre el mundo físico, de una manera que las computadoras puedan interpretar automáticamente, las implicaciones serían todavía mayores.
En este punto quisiera poner un ejemplo que ilustre las posibles implicaciones, sabiendo que predecir aplicaciones es difícil; pero es precisamente este pedazo del texto el que lo mantiene sin terminarlo. No encuentro ideas lo suficientemente globales para hacer justicia a todo lo posible. Así que hablaré de las cosas con las que estoy trabajando, que aunque no son el todo, son un ejemplo concreto. Lo siguiente es un posible escenario en la vida suya en unos pocos años:
Usted llega a su casa en la noche, y mientras revisa el correo electrónico se decide a revisar el consumo eléctrico a través de una interfaz en la computadora. Su casa, que es quien lleva la cuenta de estas cosas y quien le reporta todo, está notificándole que para cumplir con el límite impuesto por usted de $100 dólares mensuales, tendrá que hacer algunos cambios a como está consumiendo energía. El sistema recomienda, entre otras cosas, que cambie su refrigerador, ya que es ahora 2 veces menos eficiente que cuando lo compró. El refrigerador que hay en casa de su hermana, sugiere el sistema, demuestra ser mejor inversión según los datos de otras casas con seis personas como la suya, en el mismo clima. Para entender mejor la situación usted decide ver un detalle sobre el consumo de cada electrodoméstico en la casa, y pronto descubre que un buen porcentaje de su consumo proviene de una carga constante que el sistema no logra identificar. El reporte indica que es un aparato que siempre está prendido y que probablemente esté compuesto de un motor pequeño y una bombilla. Descartando todo lo demás, se da cuenta de que esto es la pecera, y procede a digitar el nombre para que el sistema lo reconozca de ahí en adelante.
Esto todo podría parecer muy simple, o por lo menos parecería una de esas promesas tan repetidas que nos han hecho las películas, los dibujos animados y libros de ciencia ficción, pero que nunca llegan: la casa inteligente. Podría, sin lugar a dudas, ser otra promesa vacía más, si no fuera por el hecho de que su casa, poco a poco, se ha estado preparando para esta transformación. Los aparatos en su casa han estado cambiando para adaptarse a ese “internet de las cosas”.
De modo que en vez de construir una casa inteligente, lo que más probablemente suceda es que se haga un uso más inteligente de las fuentes de información que ahora mismo están disponibles. Por ejemplo, y para llevarlo a lo que está haciendo mi grupo, podríamos pensar en un sistema que utilice el consumo eléctrico total de su casa como lo reporta su contador eléctrico; la temperatura en los distintos aposentos de la casa como lo reportan los termostatos; la iluminación de esas habitaciones como lo reporta tal vez su computadora, y otras fuentes de información similares. El sistema después comenzaría a aprender, con la ayuda de usted, cuáles patrones en estos datos están relacionados con el uso de los electrodomésticos en su casa.
Pero volvamos otra vez a la idea original: infraestructura inteligente. El de arriba, es sólo un pequeño ejemplo muy particular y tal vez no esté muy bien explicado (en futuras entradas lo aclararé). Imaginemos ahora qué pasa cuando no sólo su casa tiene algún tipo de inteligencia, sino que los puentes por los que transita, las carreteras, las cosas con las que interactúa, todas son capaces de interactuar con su entorno y reconocer su estado. Imagine ahora que todo esto está interconectado, que usted puede acceder a un portal como Google y preguntar: “quiero ver los espacios disponibles en el edificio de aparcamiento x”, o no sé, imagínese aquí cualquier otra pregunta (de nuevo, ¡es difícil imaginar!)
¿Qué quiere decir todo esto? ¿A dónde nos lleva este camino? ¿Para qué sirve?
No sé, pero tenemos que estar preparados. Lo que he expesto aquí no es más que el principio.