Durante el fin de semana, estuve en Boston, visitando familia y conociendo la ciudad; tomándome un descanso de dos días, también.
A veces, durante las altas horas de la noche, un buen merengue puede convencerme de que tengo que dejarlo todo y volver para La Isla. Algunas noches fue uno de Juan Luis, otras fue alguno de Ruby Pérez o Joseph Fonseca y en noches como la del Sábado, en Boston, fue un merengue que el Sol del día siguiente, entrando por la ventana para despertarme, no me dejó recordar.
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