Desde hace unos días las noticias locales hablaban de una tormenta de nieve que entraría en Pittsburgh en la tarde del Viernes, que había que estar preparados, que la cosa era bien seria, que estuviéramos todos alerta, etc., etc. En fin, las típicas cosas que hacen todos los meteorólogos. Yo lo tomé todo con un buen puño de sal, y esperé que fuera la nieve la que me dijera qué tan serio era el asunto.
Esta mañana, cuando me desperté para salir a llevar a Laura al trabajo, me di cuenta.
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