Haber salido de casa de mis padres, venir a vivir a otro país y todo esto de arrancar una vida nueva hace poco más de tres años, ha tenido un efecto drástico en mi comportamiento como consumidor. Si tuviera que resumir ese efecto, diría que las compras que hago hoy en día son más conscientes y reflejan mejor mi persona que las que hacía antes de llegar a Pittsburgh. Todos mis hábitos, no sólo como consumidor, han ido transformándose a base de mucho auto-cuestionamiento, mucho preguntarme el por qué de cada uno de ellos. Pero donde esto más se refleja (creo) es en mis compras.
Obviamente esto no me sucede sólo a mí, pero quiero compartir mi experiencia como una muestra.
Hoy en día, mis compras obedecen a dos cosas:
- 1) Mis necesidades particulares, con énfasis en necesidad y no simple antojo.
- 2) Las necesidades de mi entorno.
En otras palabras, mis compras buscan garantizar el bien mayor. Dentro de mis necesidades están mi situación financiera (cuánto dinero puedo gastar), mi salud (cómo me beneficia o perjudica el producto), y mis deseos (qué realmente quiero). Dentro de las necesidades del entorno están el medio ambiente (cómo afecta el producto/servicio a la naturaleza), el bienestar común (cuánto ayuda o perjudica el producto a los demás seres humanos), etc.
Empecemos con la comida, por ejemplo. En principio, cuando llegué, los cambios en mi dieta obedecían a lo que mi paladar realmente quería y a lo que mis manos eran capaces de cocinar. Comencé a comer más pastas, más lentejas, menos mangú, menos bistec encebollado. Después los cambios eran producto de un mejor concimiento sobre las propiedades nutritivas de la comida, y el efecto general de la comida en mi salud. Así comencé a incorporar más fibra en mi dieta, menos grasas saturadas, más vegetales, etc. Después comencé a preguntarme sobre el efecto de mi alimentación en el bienestar común. Llegaron entonces los productos orgánicos (para minimizar el impacto ambiental de los químicos usados en la agricultura moderna, principalmente), los productos locales (minimizando la energía gastada en trasnporte), etc. Y por ahí va la historia.
Otras compras como la de productos de higiene personal, de limpieza, etc.; todas han seguido patrones similares. En vez de simplemente maximizar la cantidad y calidad con relación al precio, otros factores influyen en la optimización. El producto se convierte cada vez más en una oportunidad para que emita un voto. Cada vez que elijo y compro un producto, dejando atrás otros tantos, siento que estoy apoyando todo un conjunto de ideas y valores. En fin, siento que soy un consumidor más consciente.
Aún así, hay que hacer énfasis en que esto no es más que un sentimiento. No vivo aislado de las fuerzas que ejercen los departamentos de mercadeo y todo el poder de quienes buscan lucrarse a través de la venta de los productos que compro. Pero igual creo que ese despertar es un paso en la dirección correcta. Aún cuando informarse es hoy más fácil a través del internet, con sitios como el Cosmetic Safety Database y Wikipedia, la información todavía no es de fácil acceso para la mayoría de la población. Pero con el tiempo esas cosas irán cambiando, y cada vez más las compras que hagamos tendrán la oportunidad de reflejar más claramente quiénes somos y qué realmente queremos.
Last revised on 2010/01/25