En lo que bien pudo haber sido una escena típica de MacGyver, me pasé una hora encerrado en el aposento porque el manubrio de la puerta dejó de funcionar completamente.
Laura, después de un poco de pánico y claustrofobia, decidió dormirse. En ese momento la solución que habíamos encontrado era esperar al día siguiente y llamar a la gente de mantenimiento para que vinieran a rescatarnos. Yo encontré en la situación una invitación irresistible para probar mis habilidades estilo MacGyver.
Tenía un teléfono celular para cualquier emergencia, un vaso grande de agua para sobrevivir la noche, y una cama para dormir. Ninguna de esas serían herramientas para abrir la puerta. Después encontré una percha, un cordón, un pincho y una cuerda de guitarra. Mientras recorría el cuarto pensando en cómo resolver el problema, y buscando herramientas para hacerlo, llegué a sentir un poco placer por el encierro. No tanto por lo de quedarnos trancados, sino más bien por el acertijo que me había encontrado a mí a esa hora.
Así que, armado de estas cuatro herramientas y mucha paciencia, ¡abrí la puerta!
Y por eso estoy escribiendo a estas altas horas de la noche, después de un largo silencio producto de celebraciones y trabajo y amigos y alegría.
Last revised on 2009/12/22