Hoy, hablando con un amigo sobre la cantidad de cosas que están en agenda, y las muchas otras que uno no recuerda pero aparecerán, recordé este texto que ya algunos conocerán pero que consideré apropiado para la situación:
Pormenores de Agenda
Imagino que los nombres surgen de una necesidad de hacer universales las ideas concebidas. Supongo que nacen del intento de refugiar una concepción, una imagen que sólo existe dentro de uno, en el siempre dispuesto abrazo de varias letras: una palabra.
Así por ejemplo, busco hoy el nombre preciso que cobije al hábito tan popular (al menos entre mis personalidades, mis Marios) de aplazar acciones posibles en el presente, hacia un futuro incierto, falaz.
Es común que decida posponer las asignaciones, y creo que es común no sólo en mí, sino también en los demás. Pero a lo que me refiero, más específicamente, es al aplazamiento sin nuevo plazo, al que con todavía más precisión podría llamar desalojo.
Imagínese usted, al hecho en sí, sentado en un tablero oblongo e infinito, dividido en pequeños recuadros que tienen como dos de sus lados opuestos, los bordes del tablero, y otros dos lados delimitados por líneas paralelas a todo lo largo del mismo. Imagíneselo, ahí, al hecho que usted está pensando posponer, sentado en el cuadrado con el número del día en el que debió empezar a jugar. Piénselo en el recuadro e imagínese ahora las veinticuatro divisiones del recuadro que marcan las horas, las sesenta que delimitan los minutos dentro de las horas, las que marcan los segundos según los minutos, y las demás diminutas fracciones. Hágase la idea: el hecho con todas sus ramas de helecho plantado en el tiempo en el que cree prudente surgir, con la mirada triste al reconocer en el rostro suyo (o quién sabe si lo que ve es el revés de su rostro ya que al fin y al cabo se trata de un pensamiento dentro de su cráneo) la intención de despojarlo de su fecha.
Imagínese ahora que decide usted sacarlo de aquel tablero, y dejarlo a un lado. Se trata de una decisión peligrosa ya que estos seres de agenda y calendario son conocidos por su terrible humor cuando se sienten rechazados. Conozco algunos que cuando los desalojo, han tenido las agallas de desplazarse tres o cuatro semanas más adelante y aparecer en la hora exacta en la que escuchaba el Adagio de Barber, y tuve que dejar todo para acabar con él, para que no se le ocurriera repetir tal imprudencia.
Usted pensará que esto es una locura, un desperdicio de palabras; pero realmente creo importante que a estos seres se les ponga atención. Debemos empezar por nombrarlos, colocarles una palabra que los represente, para que así puedan formar parte de las discusiones entre científicos y entre mujeres y hombres dedicados a solucionar los grandes problemas de la humanidad.
En algunas ocasiones, para hacer énfasis en la importancia que merece, los Fechum, como de ahora en adelante les llamaré, son más creativos en sus planes de venganza. No le ha sucedido a usted que se despierta un día cualquiera, y descubre que tiene la mañana completa libre de reuniones, visitas al tío, compras en el supermercado, etc. Se siente increíblemente bien, y adopta una sonrisa gigantesca en virtud del maravilloso día que acaba de descubrir. Parece todo perfecto ¿no es cierto? Lo interesante, y sé que usted también lo sabe, es que no pasarán más de dos horas para que el primer Fechum interprete su papel en la obra, y se le presente, mientras se dispone a tostar el elaborado emparedado que le tomó quince minutos preparar, como la llamada del abuelo que vive en México y llama para saludar, haciendo que usted sin quererlo recuerde que el cumpleaños de su abuela ya pasó, y no llegó a comprar las flores que le había prometido. Entonces usted respira profundo al comprobar la delicadeza del placer, lo efímero que puede ser un emparedado y una mañana libre. No obstante esa complicación, en los próximos minutos usted recibirá una lluvia de apuntes de agenda sin cumplir: todos los Fechum se han puesto de acuerdo para lanzarse en ése preciso día, uno a continuación del otro, terminando por arruinar completamente lo que una vez fue un despertar despreocupado.
Usted, lector, no puede negar la veracidad de este relato, ya que con sólo algunas modificaciones puede ser la narración de algún día de su vida. Los Fechum son personajes de suma importancia, en el complejo proceso de tejer los cursos de todos nosotros y entrelazarlos. Difíciles de percibir mientras traman sus juegos y contrapartes.
Aún así, no creo que usted haya pasado por alto las tantas ocasiones en las que presenció el nacimiento de alguno de ellos. Tal vez no se dio cuenta, pero al pensar usted en algo que desearía hacer, engendró una nueva criatura, que por carecer de espacio en el cual desarrollarse (no tiene fecha asignada) lo molestará e insultará con las más desagradables palabras hasta que por fin se decida a colocarlo en su agenda.
Debe de tomar en cuenta que siempre que engendre algún Fechum, lo más prudente es que disponga de una fecha para asignarle. De lo contrario, contribuirá al rápido y exponencial crecimiento de esta especie, que por tantos siglos ha permanecido inadvertida por científicos y personalidades tan importantes en el ámbito de los nuevos descubrimientos y avances de nuestra raza.
Mayo/2004
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Mario Bergés González
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Carlos Torres