Siempre me ha costado trabajo creer en los paisajes de ultramar. Para mí todo el universo termina allí donde termina mi isla. Y digo mi isla, porque es el trozo de tierra al que le he logrado conocer los límites, o lo que es igual, las costas.
Desde pequeño, dudé de la existencia del tío Alberto, que vivía en Nagua; así mismo me cuestioné la existencia de Nagua, el pueblo. ¿Qué era eso? ¿Por qué no lo veía yo desde aquí? ¿Cómo es que uno puede creer en algo que está tan lejos? Pero el tío Alberto era lo menos, ojalá hubiese encontrado a alguien que me explicara la existencia de un tal Polo Norte donde vive Papá Noel.
Aún así, a medida que fui creciendo, los lugares que visité fueron ampliando mis horizontes, y un buen día decidí emprender la empresa de conocer los límites de esta tierra en la que he nacido. Me costó poco llegar a mi primer y gran obstáculo al cual consideré una vez lo vi, como un justo fin de tanta roca y árboles y gente y animales. Era un inmenso pozo de agua azul, salada; un montón de rocas, un gigantesco farallón. Continúe por varios años con el mar a la diestra, y la tierra a la siniestra. Descubrí que el mundo era enorme, y que no llegaría a conocerlo en su totalidad, aun si empezase el mismo día en que llegué de nuevo a la costa de la cual partí.
Por eso, cada vez que escuchaba a mi mamá decir que en Estados Unidos los trabajadores son mejor remunerados que acá, pensaba en su triste ignorancia: la de ella y la de muchos otros. También me apenaba ver a mis amigos frente al televisor, asombrándose de todas esas noticias lejanas y tristes y absurdas, que acontecían en Estambul, Caracas, Nueva Zelanda. Y en las noches, cuando todos dormían, yo en mi cuarto dibujaba paisajes nuevos, personas nuevas, sucesos asombrosos, mangos sin semillas, hortalizas sin tierra, y toda clase de ideas distintas que se me ocurrían, y que pensaba serían un éxito en la televisión. Se las mostraba a mi hermano, al tío José (que pensaba que lo sabía todo), a mi papá; pero todos se limitaban a decirme que qué lindo, que cuántos años es que tienes, que la tía Roberta también dibujaba cuando pequeña y ahora es una pintora que tú ni te imaginas hasta fue a Suizaaexponersuscuadros… Tenía la certeza de que algún día algún productor de noticias me las compraría a un precio elevado, y así por fin les mostraría la cruda verdad a toda mi ignorante familia, al superponerles mis dibujos sobre la pantalla del televisor y hacerles un rictus de niño endemoniado y menear la lengua de lado a lado hasta que griten auxilio y socorro y tenga que venir la policía y los paramédicos para curar a mi papá que sufre de presión alta y controlar a mi hermano menor que sufre de clavarse cuchillos en los dedos cuando todo anda mal.
Todavía hoy, teniendo la misma edad que tenían ellos cuando ocurrían aquellos episodios, sigo dudando de la existencia de muchos lugares. He aceptado, con mucha precaución, la posibilidad de que Europa sea real, pues hace unos años tuve la oportunidad de viajar en avión hasta aquél continente, y aunque no estoy seguro, algunos hechos hicieron temblar a mi firme creencia. Siempre he pensado que eso de los viajes aéreos no era más que un viaje a un pueblo de esos inmersos en el centro de esta enorme isla o a lo sumo un paseíto por el enorme pozo de agua salada, dos o tres vueltas para darle tiempo a los ciudadanos para cambiarse la indumentaria, y practicar dos o tres frases en algún idioma inventado y así hacer creer que se está fuera del “país”, fuera del mundo en mi caso. Pero cuando llegué a Europa, no pude evitar fijarme en la tremenda labor que debió haber sido cambiar el color del agua en las playas, o echar tanto tanto hielo en el mar como para que en algunos lugares hasta se congelara; no menos difícil debió ser cambiar la cantidad de ríos con desembocadura en el borde de la tierra. Por eso acepto ahora la posibilidad de exista. Pero claro, cuando mi papá me dijo esta mañana que en pocos días iría al África, pensé que a él fácilmente lo engañarían, y que no me iba a valer su testimonio para comprobar la existencia de tal continente. Mi papá que no ha visitado todo el litoral de su tierra, ¿cómo va a distinguir entre África y todo el mundo?
Escrito en Agosto/2003
Last revised on 2009/12/22
