
En República Dominicana tenemos colmados.
Según la Real Academia Española, en su tercera acepción la palabra colmado quiere decir “tienda de comestibles”.
Según cualquier buen dominicano, esa definición está incompleta o incluso errada.
Para nosotros, el colmado es:
1. Un punto de reunión en torno a cervezas, mesa de dominó y comida ligera (picadera).
2. Una tienda de bebidas y comestibles, con servicio a domicilio.
En Latinoamérica tenemos muchas otras palabras para ése mismo recinto, el cual en los Estados Unidos de Norteamérica es inexistente.
En Santo Domingo, la densidad de colmados me atrevería a decir que es de aproximadamente más de 10 colmados/km2 o casi un colmado por manzana.
Pasar de una vida tan colmadera a una donde no existen, es algo difícil.
Pero de todas las ventajas y desventajas que trae consigo la existencia y proliferación de los colmados en Santo Domingo, la que más obvia se me hace ahora que no los tengo cerca es el fácil acceso a las bebidas alcohólicas.
Para ilustrar esto, voy a poner como ejemplo una anécdota que pone en evidencia el contraste:
Mi hermano me llama por teléfono para saber de mí. Me cuenta que había visitado el supermercado ese día, y que al entrar lo recibieron con una muestra de Ron Brugal, el cual estaban ofreciendo a todo aquél que entraba al supermercado excepto a recién nacidos o aquellas criaturas que todavía beben en biberón.
Ése mismo día, había intentado comprar cervezas en un establecimiento donde las venden al por mayor. La cajera me pidió mi identificación. Le pasé mi licencia de conducir dominicana. No se puede. Ése documento no funciona con su “scanner”, de modo que no podía venderme alcohol a menos que me devolviera a la casa y le llevara mi pasaporte.
Aquí no hay colmados…
No hay muchos lugares donde vendan alcohol.
En los lugares donde sí lo venden, muchas veces te piden identificación…
¡Qué difícil!
Y pensar que allá en Santo Domingo es sólo cuestión de llamar por teléfono y pedir “una fría”.
Añoro el colmado.
Last revised on 2009/12/22