Archivo de Septiembre 24th, 2007

En República Dominicana tenemos colmados.
Según la Real Academia Española, en su tercera acepción la palabra colmado quiere decir “tienda de comestibles”.
Según cualquier buen dominicano, esa definición está incompleta o incluso errada.
Para nosotros, el colmado es:
1. Un punto de reunión en torno a cervezas, mesa de dominó y comida ligera (picadera).
2. Una tienda de bebidas y comestibles, con servicio a domicilio.
En Latinoamérica tenemos muchas otras palabras para ése mismo recinto, el cual en los Estados Unidos de Norteamérica es inexistente.
En Santo Domingo, la densidad de colmados me atrevería a decir que es de aproximadamente más de 10 colmados/km2 o casi un colmado por manzana.
Pasar de una vida tan colmadera a una donde no existen, es algo difícil.
Tengo un cuerpo celeste enterrado en mi pecho. Llegó ayer, sin avisar. Sé que es celeste porque no pertenece a este mundo. Además sé que es cuerpo porque ha sabido integrarse al mío sin mayores esfuerzos.
Esta mañana se cumplió su sentencia: ha de quedarse palpitando, azuleciendo sus penas y enrojeciendo toda mi calma.
Lo que siento es una pena de Lunes, o de Luna. Es esa pena solitaria que orbita con períodos exactos y controla los mares y la sal de las lágrimas.
Ése cuerpo celeste se estrelló sin mucho aviso, y toda su composición extraterrestre me entristece.
Tengo una pena celeste, una que sólo se remedia con otro cuerpo: el tuyo por ejemplo.
Cae el suave manto
la niebla
el frío.
Cumplo con el amanecer, ojos cerrados.
Todo parece indicar… el universo está cerca, y su arrugada mano acaricia mis astros.