Pittsburgh
17 de Abril
2007
escrito por Mario Berges

Después de ocho meses hablando inglés prácticamente todo el día, algunas cosas empiezan a cambiar en uno. Hay muchas cosas que el inglés y el español no comparten; cosas que van más allá del mero vocabulario y la gramática.

Durante el primer mes estos eran los síntomas:

  • Me dolían los buches.
  • Me temblaba el labio inferior.
  • Tenía que practicar algunas palabras antes de decirlas.

En los meses siguientes encontré las siguientes dificultades y sorpresas:

  • Las oraciones que incluyen “did” o “did not” + un verbo son difíficles de conjugar a gran velocidad. Si estoy hablando rápido puedo cometer errores como: “I didn’t went there“.
  • Empecé a adaptarme no solo la pronunciación, sino también a las maneras de construir oraciones, y las expresiones informales del día a día.
  • Mi oído se desarrolló lo suficiente como para entender a una negra hablándome por teléfono. (No hay un inglés más incomprensible que ése).

Pero el colmo de los colmos es lo que me acaba de pasar hoy:

  • Estaba buscando la traducción al inglés de la palabra “encofrado”. Me senté a pensar por un buen rato, hasta que la encontré: “formwork”.

    Inmediátamente después, quien estaba sentado al lado mío me preguntó si sabía cómo decir esa palabra en español. Yo le respondí que “¡Claro!”, pero como fue una pregunta tan directa e inesperada, se me borró de la memoria la palabra “encofrado”.

    Sí, parece mentira, pero tuve que llamar a Santo Domingo para recuperar la memoria.

Esta última anécdota me recuerda un episodio de Derren Brown que comparto aquí con ustedes:


  • Wow... que jebi el video ese.

    Acabo de tratar de hacerlo aqui en la oficina... pero no me salió perfectamente bien.. eso es algo muy sutil que hay que practicarlo mucho... pero me salio con el pen-ultimo candidato!
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