Cuando llegué a Santo Domingo en Diciembre, después de pasar cuatro meses en Pittsburgh, todos mis amigos y familiares querían enseñarme lo nuevo y moderno que tenía la ciudad desde que no estaba. Me comentaron sobre las pantallas en la esquina de la Av. Lincoln con 27 de Febrero, los nuevos restaurantes, las nuevas tiendas, etc.
La verdad es que todo el que llega de fuera lo que quiere es volver a visitar lo cotidiano, volver a encontrar las raíces, las costumbres y todo aquello que para el que vive aquí es un hecho tan certero que parece no tener importancia.
Por eso cada vez que llego mi primer paso es beberme una cerveza Presidente bien fría, y dirigirme para la Zona Colonial o realizar cualquier otra actividad que me involucre con el día a día que he dejado atrás y que tantas veces está repetido en la vasta red de memorias que me componen.
En esta ocasión, al visitar la calle El Conde, me encontré con una escena típica de Macondo, el pueblo de Cien Años de Soledad y otros libros de Gabriel García Márquez. Me refiero a la llegada de los gitanos, que traen al pueblo toda clase de inventos que los moradores desconocen tales como piedras que atraen metales y cacerolas (imanes), piedras transparentes completamente frías (hielo), entre otras.
El caso es que encontré unos kioskos de propietaros sudamericanos, ofreciendo “La Pulsera Magnética” que elimina más de 144 enfermedades orgánicas y psicosomáticas:
El vendedor estaba rodeado de espectadores quienes atónitos observaban el poder de la pulsera, demostrado a través del uso de ¡una bola de cristal cargada de enrgía! Pueden disfrutar del siguiente vídeo que tomé:
A la hora del diagnóstico, el presentador le comunicó al “paciente” que según la lectura, él podía decir que se trataba de un tipo aburrido, triste y sin ánimo, porque la energía que reflejaba era pobre…
Definitivamente, una escena propia de Macondo, que reafirma la declaración de García Márquez quien dijo que todo lo que escribió es pura realidad.
Last revised on 2010/01/17