Yo muero en la sencillez
en la simpleza
en la poesía
que comienza con un día cualquiera
una mañana humilde
un acordión roto
o una mano arrugada.
A mí me corresponde lo olvidado
lo no buscado ni codiciad
ola terrible inocencia de lo nimio.
Hoy podría ser el día más feliz
el mayor de toda la vida,
y aun cuando sé que faltas
y que tu mano se reinventa miles de veces en la mía
desde tan lejos,
y que tu sombra me persigue en cada paso;
aun cuando sé que es tan triste el espacio
que no ocupas en mis sábanas,
sé que hoy
es el día más feliz de todos.
Muero en la sencillez
en la simpleza de que estás
(aún siendo lejos)
en la poesía que empieza con un día cualquiera
una mañana humilde,
un corazón hinchado,
cartaflorido,
laurificante,
colorantero,
sinfán,
mitú.
Yo soy el ahora.
Traigan sus manos
que ya empieza a llover.Last revised on 2009/12/03