Amo el calor del Sol, la lluvia de noche y bajo techo liviano, el cielo azul o gris y los árboles.
Soy el camino en espiral hacia mi centro de barro y suelo llegar a mí después de perderme: nunca antes.
La sutil magia de las ideas y ese mundo dentro del mundo levanta mis raíces cada vez que lo habito.
Soy el sueño de un niño quien una vez fue el sueño de un adulto quien una vez fue el sueño de un niño… Aún así, cada día me reinvento y siendo producto de un pasaje onírico, soy uno nuevo al igual que el instante en el que vivo. En realidad soy el instante.
La vida moderna depende de muchos sistemas creados por la humanidad a través de los
años. Muchos de estos fueron creados y diseñados para un propósito en específico, y hoy en día su uso se expande hasta otros límites. Lo que una vez fue un simple cable eléctrico para transmitir voces humanas a través del teléfono, hoy es el medio para pasar información (en grandes cantidades) y conectar miles de artefactos adicionales. La misma suerte corren las redes de distribución de energía eléctrica, el sistema de transporte, las ciudades, etc.
Es tan compleja la resultante trama, tan interconectada, que difícilmente pueden predecirse los efectos de simples modificaciones. ¿Por qué aparecen los apagones generales, sin aparente razón? ¿Por qué hay entaponamientos de tráfico en zonas donde nunca los hay, como de repente?
Para entender la infraestructura de hoy, necesitamos un cambio de óptica; de alguna manera tenemos que desarrollar un ojo de Dios, por decirle de algún modo, que nos permita trascender nuestra escala humana individual, y ver la dinámica desde una dimensión mayor. Sólo así podremos entender la llamada “mano invisible” que nos “controla”.
-
Mario Bergés González
-
Cabrit0