
Hace diez años, la velocidad con la que conocía música nueva estaba estrechamente relacionada con la cantidad/tipo de amistades que tuviera en el momento. Generalmente recibía información de una agrupación o de un tipo de música más que nada por medio de un amigo que traía un CD a mi casa o alguien que me prestaba un ‘cassette’.
Después llegó la música digital comprimida, los nuevos formatos que permitían intercambiar archivos de manera más fácil. Ésto, junto con el internet era una bomba: la rapidez con la que conocía música nueva se duplicó y siguió creciendo. IRC, Napster, eMule y todas las demás plataformas que uno iba encontrando para intercambiar música aceleraban la taza.
Creo que hay un salto más todavía, y es a raíz del llamado “Web 2.0” y las herramientas de colaboración que permiten que el contenido sea creado por los usuarios. La limitante de los métodos anteriores es principalmente que no existe una manera muy confiable de encontrar música similar a la que a uno le interesa. Por ejemplo, para descubrir a Sigur Rós, tuve que hacerlo por medio de un concierto de Björk que vi en televisión. Había muy pocas maneras de yo saber que esa agrupación existía, y mucho menos que podría gustarme dado a que me gustaban otras similares.
Ahora con herramientas como Last.FM, Pandora y demás, es mucho más fácil. La rapidez con la que descubro música nueva que me gusta es asombrosa. ¡En un sólo día puedo encontrar dos o tres agrupaciones que valen la pena! Música de la que no habría tenido conocimiento de ninguna otra manera.
En fin, este post fue simplemente una consecuencia directa de la alegría causada por uno de esos descubrimientos. Y todo eso me hace pensar en lo cerca que estamos de sentir que somos una sola entidad, una inteligencia colectiva, la humanidad como un gran ente procesando información.
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Last revised on 2010/01/17