Llegué a Santo Domingo cuando me puse en fila en el John F. Kennedy Airport de New York City, para el vuelo que salía a las 12:45PM. Todo el que estaba allí hablaba español de isla, español sin r, sin s, sin muchas otras letras. Era una reunión de niños para ver una velada que sólo dan una vez al año. Todo el que estaba allí no se aguantaba la felicidad, y cada uno la expresaba de manera distinta.
Yo al principio no compartí ninguna de esas emociones, en cierta forma, el tal Dominican-York me estaba empezando a irritar. Todos llevaban más equipaje que el permitido. Por las bocinas del aeropuerto informaban una y otra vez: “Pasajeros con destino a Santo Domingo por favor comprendan que cuando decimos que usted sólo puede llevar una maleta de mano que quepa en el asiento delantero no nos estamos refiriendo a una o dos fundas“.
Una señora, cuando vio pasar al piloto del avión, le dijo en voz muy alta “Chofer, dele suave por la carretera”, y el gentío se transformaba poco a poco, a medida que crecía el número de personas en el salón, en una verdadera bomba de tiempo en la que en cualquier momento podía uno esperar que el vuelo fuera cancelado por alta entropía o cualquier otra propiedad de ese tipo de conglomerados.
En fin, llegué sano y salvo, y como siempre, aterrizando en Santo Domingo, todo el avión empezó a aplaudir, pero no como siempre, y para sorpresa mía, empezamos a cantar Feliz Navidad con palmaditas, y uno de los pasajeros se declaró fotógrafo y empezó a tomar fotografías de la multitud vociferando “¡¡¡La fooootoooooooooo!!!“, lo que me hizo darme cuenta de que ya sí había llegado a la isla.
Aquí les traigo dos vídeos de esa escena final:
Ya estoy aquí de vuelta, un poco antes de la fecha estimada, y listo para pasar unas navidades dominicanas.
Last revised on 2010/01/18