
Llegué a Carnegie Mellon como una esponja de fregar platos nueva.
Cuando me enseñaron cómo acceder a la biblioteca en línea, y la cantidad de suscripciones y servicios que tenemos disponible, se me aceleró el corazón de tal forma que pensé que me estaban hablando de un mofongo o cualquier otro plato dominicano que siempre se extraña cuando está uno lejos.
Con el tiempo lo sorprendente empieza a parecer cotidiano, pero sigue siendo increíble. La sed de conocimiento, en vez de reducir, ha aumentado: con cada nueva respuesta surge un montón de preguntas.
El programa de maestría termina en Mayo 2007, y se acerca el tiempo para hacer una decisión: ¿Sigo estudiando?
Es una pregunta con múltiples dimensiones, y las he estado explorando todas poco a poco, incluso utilizando el sub-conciente: mientras duermo o me cepillo los dientes.
Estaré escribiendo sobre este tema en una serie de ‘posts’ titulados “Doctor Urbano” a partir de hoy.