Aquí en esta oficina donde estoy, como en muchas otras, los que trabajamos en ella preferimos mostrarnos como eficientes y normales antes que exhibir algunas costumbres que naturalmente (al menos eso creo) todos tenemos en común. Tal es el caso de leer mientras se está sobre el inodoro. Precisamente por esa aureola de misterio que rodea todo el tema, resulta tan pero tan placentero sentir llegar la urgencia de ir al baño, ir corriendo a google, buscar “girondo” e imprimir dos o tres poemas seleccionados en un tiempo que podría ser cronometrado, imprimirlos, doblar las hojas con cuidado, colocarlas en el bolsillo, y disfrutar de ir al baño como cualquier otra persona para leer callado y en secreto algo como…
Hazaña
Todo,
todo,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin “tutu”,
sin pezones.
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestas pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida…
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.
(del Libro Persuasión de los Días )
Oliverio Girondo
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Last revised on 2009/11/13