Archivo de Febrero, 2005
Hacía tiempo que no escuchaba una de esas tan famosas piezas que compuso joHAMSTERbastian bach.
Sobre los intereses y las acciones.
No entiendo qué… sí lo entiendo pero… qué hace ese profesor hablando tantas cosas triviales, obvias, sin fondo y tan emocionado como niño que encuentra hormiguero o María sabe que está embarazada.
Ahora entiendo a Manolo cuando decía no gustar de las clases impartidas, pero, ¿cómo soportó todo ese tiempo? Pocas veces he sentido tantas ganas de no estar ni me interesa voy a escribir o pensar porque ya no me interesa ni me lo había propuesto ni veo el fin ni quiero
razón por la cual escribo y pienso y vuelo entre palabras vacías del profesor.
Ser entendido.
En ocasiones, y esto es a menudo, encuentro mis ideas resonando en quien las recibe; no porque les hayan impresionado (y esto es lo triste), sino porque ha comprendido nada y le rebotan. Es cuando decido cerrarme y hablar poca cosa, sólo lo trivial y necesario. Lo que me resulta extraño, y eso lo descubro ahora mientras escribo, es que no haya aprendido a adoptar la posición del bufón que aprovecha todas las situaciones en beneficio del gozo interno que no necesita ser compartido, mucho menos comprendido.
I Heart Huckabees (2004) es… y la vi. Aunque no me gusta comentar mucho sobre películas para no arruinar lo que otros piensan antes de verla.
¿Cuál es la próxima combinación de dos letras?
st, nd, rd, th, ?
Aquí en esta oficina donde estoy, como en muchas otras, los que trabajamos en ella preferimos mostrarnos como eficientes y normales antes que exhibir algunas costumbres que naturalmente (al menos eso creo) todos tenemos en común. Tal es el caso de leer mientras se está sobre el inodoro. Precisamente por esa aureola de misterio que rodea todo el tema, resulta tan pero tan placentero sentir llegar la urgencia de ir al baño, ir corriendo a google, buscar “girondo” e imprimir dos o tres poemas seleccionados en un tiempo que podría ser cronometrado, imprimirlos, doblar las hojas con cuidado, colocarlas en el bolsillo, y disfrutar de ir al baño como cualquier otra persona para leer callado y en secreto algo como…
Hazaña
Todo,
todo,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,
descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.
Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin “tutu”,
sin pezones.
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,
en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,
disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,
cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,
qué hemos hecho
con nuestas pobres manos,
con nuestros esqueletos de invierno y de verano.
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida…
Como si no existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de la muerte.
(del Libro Persuasión de los Días )
Oliverio Girondo
La gravedad es aprovechada por todo diseño natural, es una energía gratuita más, como lo son el sol, el aire y el amor.
Me despierto hoy, luego de una siesta oportuna, balbuceando las notas de una canción que al parecer resume lo que he descubierto durante el largo viaje de pocos minutos de duración en el que me había sumergido cuando decidí dejarme caer, algo así como lo que dice la canción “Déjate Querer”. No hace más que unos días cuando he interiorizado, aprehendido (tal vez, siendo más sincero sería “redescubierto”) el poder de seguir a mis instintos, llevarme de mi todo, de mi mí que se extiende mucho más allá de mi cuerpo hasta volver a arroparme en el final y el inicio que son siempre una misma cosa aunque no esté claro como en las cintas de Möebius.
Descubro, nuevamente, la importancia de una siesta. Lo tremendamente placentero que es haberme perdido la presentación de unos cortometrajes allí tan cerca en el Centro Cultural, y haber obedecido precisamente a lo que me conduciría hacia unas palabras llenas del aire que llevo, hacia un beso más sincero.
Aquí en este blog hay más evidencia sobre el subconsciente colectivo, el sexto sentido humano y otros temas que…
Anoche decidí salir con mi papá a la zona colonial, para disfrutar de eso que hago con Laura y los amigos tantas veces pero que pocas veces comparto con una persona tan querida com él. Llegamos a la cafetería del Conde frente al parque Colón. Pocas cosas puedo contar que describan fielmente lo que viví, sólo por nombrarlas debo decir que conocí a Harold Priego, bebí más de lo usual, conversé al nivel en el que se conversa en ese lugar tan cargado de fuerza y de mundo; y además confirmé que ése que bien pudo haber sido un señor cualquiera que estuviera acompañándome en ese lugar que frecuento, no era, nisiquiera por estar ahí, otro más que el de siempre, el Mario Padre que es también amigo y modelo para romper o imitar.
Yo siempre he pensado, tal vez por influencia de lo que piensa mi papá, que el truco para la inmortalidad está en esperar unos cuantos años más hasta que se pueda prolongar la vida lo suficiente como para llamarla inmortal. Incluso nunca he estado seguro de que llegaré a morir, menos aún creo en la “prueba” que supuestamente evidencia el hecho de que todos los demás están muriendo (quizá sea yo el único que no muera)… Pero igual, siempre es reconfortante escuchar que alguien más piensa igual
Tan sólo han pasado unos minutos desde que tomé decisión, desde que apuntalé eso que necesitaba de un cambio en mí.
Sólo unos quince o veinte minutos y ya comienzo a sentir la rutina del día, la familiaridad de los objetos, lo cotidiano en la forma de realizar las acciones, las penetrantes reglas sociales dispuestas a convertirse en conciencia y moral de cada quien.
Pienso que quizá sea cuestión de práctica eso de dejarse ser… uno debe primero dar unos pasos alocados, lo suficientemente inhibitorios como para servir de escudo contra cualquier consecuencia que puedan acarrear en el futuro. Por ejemplo, puede uno comenzar por mandarle, como sugirió una vez Cortázar, unas patas de araña por correo a un funcionario… tal vez hacer la cola del banco para recitarle un poema sobre la soledad a la recepcionista como hizo Oliverio en El Lado Oscuro del Corazón. Quizá entonces sienta uno la confianza suficiente y necesaria para llevar a cabo proyectos personales mucho menos discordantes, aun los más discordantes.
Mi problema es el compromiso. Es pensar en ellos como en obligaciones para con los demás que colocan mis prioridades en un segundo plano. Mi problema es haberme creído amado por la perfección, la entrega y otros adjetivos más; no por mí mismo. Es fundar el autoestima en los hechos más que en el ser. Y podría seguir, incluso creo que hasta en este escrito hay algo de eso, ya que exagero los hechos para lograr así ser delante de los ojos de los que lean, más sincero que lo suficiente y por tanto más de lo justo y preciso que necesito ser para ser sin que me sean.
