No he podido conseguir ningún vídeo del espectáculo de talentos que tuvimos hace ya más de una semana. Pero como quiero compartir con ustedes cuál fue mi participación voy a empezar a describirla. El título fue “Towards Research Inspired Musical Compositions” y era una presentación en la que partía diciendo que siempre que estaba escribiendo un artículo (paper), también estaba componiendo alguna música, o al menos tocando guitarra. La pregunta que quería responder era: ¿qué relación tenía la música que componía con la calidad del paper? Puse dos ejemplos en los que primero toqué la canción y después presenté los comentarios de los “reviewers” del paper para comparar. Mucha risa.
Como la descripción tampoco le hace justicia, grabé un vídeo corto con una de las canciones. Está lleno de errores y demás, pero por lo menos transmite la idea. Esta es la canción que resultó del paper con los mejores comentarios. Uno de los reviewers dijo “Accept as is”. Disfruten:
Por otro lado, las iniciativas del Dominicardiograma y de la página para prestar servicios de consultoría estructural para los chilenos están empezando a dar resultados. Quizá por eso he estado escribiendo menos por aquí.
Quería resaltar las fotos que tiene el sitio Emol.com sobre el terremoto de Chile, pero no encontré cómo embeberlas aquí, así que en su defecto aquí está una charla de TED sobre la felicidad:
El resto de los enlaces están a continuación:
Hoy tuve una reunión con dos amigos chilenos en la que compartimos ideas sobre cómo ayudar a los esfuerzos post-terremoto. Sobretodo, estuvimos discutiendo cómo aportar desde nuestra situación: nuestra distancia y nuestras destrezas. Fernando Cerda, quien lidera estos esfuerzos, está proponiendo un portal web en el que puedan documentarse los daños a las estructuras y al mismo tiempo sirva para que profesionales analicen los distintos casos y den recomendaciones. Una muy buena idea que pienso apoyar y empujar.
Pero esa pequeña anécdota no explica el título de esta entrada.
Durante toda la reunión, estuve pensando en cómo ese noble esfuerzo, ese proyecto, tiene tanto en común con la idea de la que escribí hace ya tres meses en “Vigilemos Nuestro Patrimonio“. Me di cuenta de que este tipo de ideas siempre están flotando, y sólo llegan a implementarse cuando son realmente necesarias.
La noticia de la semana, sin duda, es el terremoto del sábado en Chile. Las familias de los amigos chilenos que tengo aquí, al parecer, están bien. Pero el desastre es grande, y la misma suerte no le tocó a todo el mundo.
No tengo ningún enlace en específico sobre la tragedia de Chile, así que los dejo con el resto de los enlaces:
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Este año, nuevamente y después del éxito que tuvo el del año pasado, volvimos a organizar un espectáculo de talentos para el departamento de ingeniería civil y ambiental. El evento tuvo lugar anoche y, al igual que el año pasado, estuvo lleno de risas y sorpresas. Siempre sorprende conocer el otro lado de las personas con las que trabajas.
Estoy esperando que aparezcan las fotos y los vídeos en internet. Hasta ahora sólo encontré estas:
No quiero aburrirlos con más sobre lo mismo, pero se me había olvidado comentar sobre estas dos cosas:
- 1 – La gente que le vio el lado positivo a la nevada, y salió a esquiar en la ciudad:
- 2 – La costumbre “Pittsburghesa” (aunque también en otras partes) de utilizar sillas para reservar parqueos en la calle, después de haber limpiado la nieve. Uno nunca ve esas sillas en el verano, ni tampoco cuando ha caído poca nieve. Pero ahora que los parqueos son el producto de mucho sudor y mucho palear, hay que cuidarlos. El recelo por estos espacios está bien ilustrado en la siguiente anécdota:
A woman had spent more than an hour clearing away heavy snow from a spot, then left to run an errand, leaving a chair behind.
When she returned, she found the chair pushed aside and a car parked in its place. Seething despite the sub-freezing temperatures, she got her revenge.
When the parker returned to his car, he found it encased — including its tires — in a layer of ice from the garden hose.
He estado visitando uno de nuestros sitios de prueba, el Blueroof Research Cottage, ubicado a unas cuantos kilómetros al sureste de Pittsburgh. Ya parece que encontaron a quienes se van a mudar permanentemente en la casa, y tenemos que terminar rápido la instalación del sistema (básicamente entrenarlo para que reconozca todos los aparatos eléctricos que hay en la casa).
Mañana tengo otra visita temprano y, mientras me preparo, encontré unas fotos que tomó uno de mis compañeros durante la última visita que hicimos la semana pasada, justo después de la gran nevada. Las puse en un álbum junto con algunas que había tomado el año pasado cuando todavía hacía calor, para que vean el contraste:
Medio metro de nieve en todos lados. Fue necesario usar una pala para llegar hasta la casa.
El sueño, cerca de las 3:00am:
Serían las seis o siete de la tarde y conducía mi carro entre callejones de uno de los tantos barrios pobres de aquella ciudad. Era probablemente Santo Domingo, tal vez por lo de que fueran las 7pm y todavía pudiera llamarse tarde, pero también por la gente que vivía en el barrio, y por ese niño barrigón que caminaba cerca de nuestro carro. De pronto, sentí cómo el guía se esforzaba en mantener el carro girando hacia la derecha y en seguida me di cuenta de que se había pinchado la goma (llanta) delantera de la izquierda. Me apeé del carro y comencé a empujarlo para ver si llegaba hasta la próxima bomba (estación de gasolina). El niño, entusiasmado, me decía que eso no era problema, que el me arreglaba la goma fácilmente. Yo le decía que no, que no había necesidad, que yo llevaba el carro hasta la bomba y resolvía. Él insistía en que podía resolver más fácilmente, tratando de ganarse el dinero de la jornada. Para alimentar su barriga descalza y pagar las cervezas de sus padres, pensaba yo. En fin, no le di el chance, y seguí empujando.
La llamada que me despierta, unas cuantas horas después:
- Aló
- ¡Laura! ¿Qué pasa?
- Mario, la goma del carro se explotó. Está parqueado en el parqueo del banco de la esquina. Encontré a una amiga que iba de camino al trabajo y se ofreció a llevarme.
- No te preocupes, yo resuelvo.
Al parecer iba a tener que continuar empujando el carro hasta llegar a la bomba, más allá del sueño. Ya no habría un niño barrigón persiguiéndome, tampoco habría más de la pobreza de aquel barrio. Pero me quedaban todavía las dudas de qué habría acontecido si hubiera aceptado la oferta de aquel muchacho.
Una sóla cosa era cierta. La goma que tendría que cambiar sería la delantera, izquierda.
Afuera estaban el frío y la nieve. Me puse mis guantes y un abrigo. Salí a la calle.
Para esta semana, el enlace a resaltar es un vídeo donde muestran una gran variedad de escenas en películas y televisión en general donde han utilizado la pantalla verde (esa que sirve de fondo durante la filmación y sobre la cual luego superponen alguna otra imagen). No me imaginé que fuese tan común:
Los demás enlaces están a continuación:
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